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Laura era una chica transexual de 26 años que vivía en un hotel llamado Titan en la colonia Doctores, Ciudad de México. Ella era alta, flaca, morena, de cabello rubio y de nariz aguileña. Solía usar ropa de colores llamativos y unos guantes rojos de terciopelo que había encontrado en un puesto ambulante de ropa, a una calle del metro Obrera. El hotel Titan se encontraba sobre el eje central;  dentro de él las habitaciones eran alquiladas por algunas personas que no contaban con una casa propia o dinero suficiente para rentar algo. Laura había llegado ahí tras ser vendedora en el metro de la ciudad y ser recomendada por una chica estilista que trabajaba en la Doctores. En el hotel vivían alrededor de cinco chicas trans: María en la habitación 204, Nuria en la 210, Pamela en la 301, Juana en la 305 y en el último piso Génesis en la 406, y Laura en la 407. 

 

Quien había recomendado a Laura vivir en el hotel era Julia, una estilista vieja de la colonia, de cabellera rubia, que tenía su estética a unas cuadras del Titan. Todas las demás chicas eran sus amigas, pues varias de ellas acudían a su negocio. Además de estilista, en sus ratos libres inyectaba aceites y modelantes en un cuarto restringido de su local. Había comenzado el negocio del local cinco años atrás, pues su mejor amiga le había enseñado la distribución de los aceites y algunas técnicas de inyectado.
 

            Por las tardes, Laura solía ayudarle como asistente en la estética. Uno de sus deseos era poder aplicarse aceite en los glúteos, pero Julia estaba convencida de que aún no estaba lista. La estética era pequeña, algo llamativa, pues las luces neones rosas y verdes la hacían resaltar sobre la calle. Por dentro, las paredes eran rojas y hacían una buena combinación con sus sillones negros y decoración dorada, con algunos cuadros de sus amigas travestis y ella.
Un sábado Génesis visitó a Julia para realizarse un corte, mientras Laura hacía la limpieza de su área de trabajo. La tarde pasó muy rápido y ya se hizo de noche. El plan de Julia y Génesis era ir al Taller, un bar gay subterráneo de la Zona Rosa donde solían inhalar coca y regresar hasta el siguiente día. 

 

 

Julia dejó las llaves a Laura para que terminara de recoger y así pudiera abrir al siguiente día. Al irse Julia, Laura no aguantó las ganas de conocer el laboratorio donde se ejecutaban e inyectaban los modelantes. El laboratorio era pequeño, al igual que donde se cortaba el cabello. Sólo era una camilla negra con mesillas de metal que tenían herramientas, frascos y jeringas. Al terminar de conocer el laboratorio y su jornada, entró un mayate de aproximadamente 40 años; era un hombre alto, flaco, blanco y que se hacía llamar Fer. Saludó a Laura y entró sin preguntar a la estética. Venía inhalando cristal y comenzó a encimarse sobre el cuerpo de ella. Ambos comenzaron a forcejear y coquetear, mientras él besaba su cuello y la mordía. Jugaban eróticamente con las mordidas, hasta que por la boca empezaron a sentir el sabor a sangre.

 

    Laura cerró la estética bajando la cortina y apagó las luces de la calle, mientras Fer entró al baño a revisar si estaba todo listo para iniciar un encuentro sexual. Regresaron al coqueteo y Fer empezó a tener mayor fuerza y euforia. Laura sentía crecer esta misma sensación, detonada por el contacto con la carne de él. Comenzó a morderlo más fuerte sobre su cuello, brazos, boca y pezones, hasta que al subir a los labios alcanzó a mordisquear tan fuerte que el dolor fue demasiado agudo y Fer se alejó.

 

         Mientras él se alejaba, ella trataba de acercarse. No entendía la razón por la que sentía demasiada euforia al morder el cuerpo de Fer. Al llegar la medianoche, terminaron recostados en la camilla del laboratorio. Ya era tarde y ambos estaban exhaustos por lo que empezaron a dormitar juntos.

 

Un momento después, Laura se paró de la camilla y tomó su bolso negro para entrar al baño a retocarse en el espejo; allí comenzó a revisar su bolso y sacó sus guantes rojos de terciopelo. Se dirigió a la mesilla de jeringas y herramientas de Julia para tomar una navaja de estética. Al ver que Fer ya estaba poco consciente, aprovechó para incrustar la navaja sobre su cuello, y él se desmayó. Al verlo sobre la cama, Laura comenzó a cortar pedazos de carne de sus glúteos y a frotarlos sobre su propio cuerpo. Siguió cortando pedazos de carne hasta pasada la medianoche.

 

 

 

     Al terminar, comenzó a buscar entre las herramientas de Julia agujas, jeringas e hilo, con los que se dispuso a hacer prótesis de carne. Entre el material encontró anestesiante y comenzó a inyectarse sobre los glúteos y a desinfectar los materiales con alcohol que había sobre la mesilla. Empezó después a realizarse aperturas a sí misma, tan grandes como las prótesis. Al comenzar a abrirse la piel, inició introduciéndose las prótesis de carne mientras se veía en el espejo para darle forma a su cuerpo como ella lo quisiese. Realizó alrededor de tres aperturas sobre sus muslos y las cerró con mucho cuidado, al igual que intentó limpiar de la mejor manera sus heridas.

 

       Se quitó los guantes rojos, los echó en una bolsa de plástico para lavarlos. Tomó su bolso, su material de estética y abandonó el lugar. Eran aproximadamente las 3:00 de la mañana. Abrió la puerta y dejó todo ahí para dirigirse a su casa con su nuevo cuerpo modelado e intervenido con prótesis de carne de un mayate que había conocido esa misma noche.

Texto por Rojo Génesis, visuales por Infexión Club <3

Junio 2022

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- un cuento original de terror transexual
por Rojo Génesis -